1922-1926 Bugatti tipo 30

El tipo 30 fue el primer Bugatti producido en serie que equipó un motor de ocho cilindros. Con el prototipo tipo 28 prácticamente listo para su producción en serie, para la temporada de 1922 las reglas de gran premio cambiaron y la cilindrada máxima fue reducida de 3 a 2 litros. Para Ettore Bugatti la máxima prioridad de sus construcciones siempre fue su empleo en las carreras, por lo tanto el coche que llegara a producirse en serie debería también poder ser utilizable en cualquier gran premio. Por ello se diseñó un motor diferente al del tipo 28. Los dos bloques de cuatro cilindros estaban unidos en la parte superior por una culata fundida y la capacidad del motor era de 1991 cc.

Los primeros ejemplares con la denominación tipo 29/30 utilizaban el chasis de los Brescia, ya fuera con una distancia entre ejes de 2.400 mm (tipo 22) o 2.550 mm (tipo 23) y fueron utilizados casi exclusivamente para la competición. La denominación del tipo 29 se cree que estaba reservada para una versión de 1,5 litros de este mismo motor de 8 cilindros que finalmente nunca llegó a la producción, de ahí que estos primeros vehículos fueran llamados como tipo 29/30. Para la versión final del tipo 30, Ettore diseñó un nuevo chasis reforzado con una distancia entre ejes de 2850 mm.

En un principio el tipo 30 fue equipado con unos frenos de tambor hidráulicos en el tren delantero, en el trasero se siguió utilizando el sistema tradicional mecánico guiado por cable. El sistema hidráulico fue una fuente recurrente de problemas debido a la falta de estanqueidad provocada por la junta del cilindro principal. Un problema que traía de cabeza a los propietarios, que en muchas ocasiones debían pisar el pedal de freno en repetidas ocasiones para lograr que las zapatas hicieran contacto con el tambor. Este problema persistió hasta el año 1925, cuando Ettore Bugatti decidió volver al sistema mecánico mandado por cable de los últimos «Brescia».

Como todos los Bugatti su objetivo principal era la competición, y esa fue la primera misión de los tipo 29/30. En las versiones de carreras el motor rendía unos 100 cv de potencia, 25 más que el modelo que llegó a fabricarse en serie. Lo más llamativo de estos primeros prototipos era la forma de su carrocería, con un diseño aeródinamico que les valió el sobrenombre del «cigarro de carreras». En la parte posterior tenían una cola alargada y con un final en forma cónica en cuyo centro se encontraba la apertura para el escape.

La primera salida a las pistas se produjo en el gran premio de Francia de 1922, una carrera que se celebró en Estrasburgo, apenas a unos seis kilómetros de Molsheim, la casa de Bugatti. La victoria fue lograda de manera incontestable por el Fiat 804 de Felice Nazzaro, y aunque tres de los cuatro Bugatti que tomaron la salida consiguieron llegar a la meta, este resultado no se puede considerar como bueno. La enorme distancia con el primero, Pierre de Vizcaya a 58 minutos y Pierre Marco a una hora y 20 minutos, unido al hecho de que solo acabaron cuatro de los 18 coches que se presentaron en aquella carrera, no dejó muy buen sabor de boca a Ettore Bugatti.

El otro gran evento de aquel año fue el gran premio de Italia, una carrera que se celebró en el circuito de Monza y para la que en un principio se habían inscrito unos 40 coches. Después de la superioridad mostrada por los Fiat 804 en Francia la lista de participantes se vio reducida drásticamente. Uno tras otro, los participantes fueron renunciando a participar en Monza, pero este no fue el caso de Bugatti, que envió cuatro coches por carretera con destino a Italia. Esta vez a diferencia del gran premio celebrado en Estrasburgo, los coches fueron vestidos con una carrocería más convencional. Después de atravesar los Alpes, toda una aventura en aquella época, y una carrera de casi 800 km exprimiendo al máximo las prestaciones de su tipo 29/30, Pierre de Vizcaya logró en Monza un meritorio tercer puesto por detrás de los Fiat de Bordino y Nazzaro.

El tipo 30 no lograría ninguna victoria reseñable en competición y en los cuatro años que estuvo en producción se fabricaron un total de 600 unidades. Unas cifras que quedan muy lejos de las logradas por los «Brescia». Pero este coche serviría como primera incursión de la marca en la gama superior y sentaría las bases para los futuros modelos de la marca. En la actualidad sobreviven unas 50 unidades del tipo 30. La unidad que tenemos en las imágenes tiene el chasis Nº4468 y pertenece a la colección Schlumpf.

Una vez diseñado el motor de ocho cilindros, no tardaría en llegar el Bugatti que más victorias ha logrado y uno de los coches más legendarios de toda la historia, el Bugatti tipo 35, un automóvil del que hablaremos en próximos artículos.

Fotografías: Jose González.

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