Schwarzwald (Selva Negra)

La temporada de verano, casi la única que se puede aprovechar para conducir sin encontrarse dos metros de nieve en las carreteras de montaña, es demasiado corta en esta zona de Europa. Sirva de ejemplo que en junio seguían los pasos alpinos cerrados.

Por multitud de proyectos laborales y responsabilidades personales, la que voy a relatar hoy fue una de las pocas salidas reseñables que hice a lo largo del año.

Como decía el cartel de la maravillosa película de Steve McQueen «24h de Le Mans»:

Jose takes you to a drive in the country.

The country is Germany. The drive is at 200MPH

Diez años hace ya que publiqué el primer artículo en mi anterior blog, donde probaba el Golf IV R32 de un buen amigo. Nada ha cambiado desde entonces, la versión más radical del Vokswagen Golf sigue siendo la referencia entre los compactos deportivos.

¿Que por qué digo esto? Mi compañero en la ruta de la que voy a hablar hoy conduce un Golf R de séptima generación. Ya sabéis: motor de 2 litros, 310cv, tracción total mediante un diferencial haldex y cambio DSG de 7 velocidades.

Ese coche es una bomba. En una comparativa entre este Golf y el Mercedes A35 AMG comentaba el probador que por carretera de montaña es casi imposible despegar de tu zaga a cualquiera de estos «hot hatches» por mucho superdeportivo que conduzcas.

Dejo la comparativa a continuación.

Mi Vantage dista mucho de tener las prestaciones de un superdeportivo moderno. Me costaba horrores mantenerme cerca del Golf a la salida de las curvas más lentas, donde la velocidad del cambio automático y el empuje del motor turbo más se hacen notar. En curva rápida la diferencia sigue siendo importante a favor del Vantage, pese a calzar las decepcionantes Toyo Proxes Sport, de las que ya hablaré en otro artículo.

Las carreteras de la Selva Negra son tan sumamente buenas que apenas hicimos paradas enlazando una carretera con otra hasta llegar a nuestro destino. Me sorprendieron muchísimo, porque aunque esperaba carreteras inundadas por la frondosidad de los bosques de esta zona, no contaba con los pequeños puertos de montaña y sus curvas en una zona que imaginaba completamente llana.

Hicimos el trayecto completo de la parte suiza, desde Zug hasta la frontera en Koblenz por carreteras secundarias; nada especialmente reseñable porque aunque los paisajes son muy bonitos, ya sabemos que en Suiza hay que ser especialmente precavido con las velocidades.

Llegados a Waldshut-Thiengen hacemos una parada para descargar nuestras vejigas y decidimos por qué carreteras comenzar nuestro viaje. Está lloviendo, así que no tengo ninguna esperanza puesta en la diversión.

Decidimos evitar la Hochstrasse 500 porque el tráfico iba a ser excesivo y mi compañero de ruta, que ya conocía la zona, comentó que aunque esa carretera tiene la fama, no es en absoluto interesante. Me fío de su criterio y me dedico únicamente a seguirlo. Muy poco después de emprender la marcha la lluvia cesa y el día parece mejorar.

Tan centrados en conducir como estábamos, no hicimos ninguna parada para fotografiar esos bonitos paisajes y sólo hice fotos en el trayecto de vuelta, por paisajes mucho más abiertos. Los que hayan jugado al Need for Speed Porsche 2000, se pueden imaginar perfectamente las carreteras del inicio como el tramo «Schwarzwald» en ese juego.

La primera carretera nos lleva hasta la cima de una montaña a través de una sucesión de curvas y cambios de peralte como pocas veces había experimentado, todo rodeado por un frondosísimo bosque que hace de la experiencia algo sublime. No os voy a engañar, íbamos rápido, muy rápido, haciendo trabajar a los neumáticos cerca del límite y jugando con el balance del coche en todos los cambios de apoyo, en resumen disfrutando como niños.

Enlazamos con una segunda carretera que nos lleva a otra pequeña colina, aquí alcanzamos a un Jeep Grand Cherokee que intenta darnos algo de guerra ¡qué candidez! Dura poco y seguimos nuestra ruta, cada nuevo tramo que encontramos nos sorprende con una nueva carretera de características diametralmente diferentes a la anterior pero igualmente disfrutables. Pudimos conducir por carreteras rapidísimas con gran cantidad de curvas de alta velocidad, carreteras ratoneras donde yo no me encontraba en mi hábitat y el Golf se me despegaba con facilidad, puertos de montaña, rutas a la vera de lagos; todas ellas con paisajes maravillosos en los que imperaba siempre la frondosidad de los bosques.

Comienza a llover de nuevo, pero por suerte estamos cerca de nuestro destino, en el que haremos la obligada parada para reponer fuerzas en el Titisee.

Un codillo y una cerveza (sin alcohol) después retomamos la ruta con destino a una de las cafeterías donde mejor tarta Selva negra sirven. Visita obligada estando aquí, ¿no? Entre tanto la lluvia cesa y comienza a asomar tímidamente el sol. El tiempo en esta parte del mundo es una locura, aunque nada que me sorprenda viniendo de Asturias («¿una rebequina por si refresca?»)

Hacemos la vuelta por carreteras más amplias y rápidas, siempre acompañados por el sol. En estas carreteras, sobre todo en curvas largas y de alta velocidad puedo ver cómo el Golf sufre cierto subviraje, mientras que el Vantage mantiene estoicamente la compostura.

Una última parada antes de la frontera para hacernos con un buen solomillo de buey, aprovechando la astronómica diferencia de precios del vacuno entre Alemania y Suiza y terminamos nuestro viaje.

En cuanto termine el invierno repetiremos. ¿Mismos coches? Quizá no, manteneos atentos a las novedades que están por llegar.

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