Audi A8 D2 4.2 Quattro de 1997

Hoy os traigo una colaboración de mi hermano Jorge, al que ya conoceréis de artículos anteriores como Richard Burns Rally.

Os quiero hablar de un coche por el que sin duda siempre voy a tener un cariño especial, no precisamente porque sea un romántico, sino porque se lo ha ganado a pulso a lo largo de muchos años a mi lado, nada menos que 20 años en casa hará en el verano de 2020.

¿Que de qué coche os quiero hablar? Por supuesto del magnífico Audi A8 D2. A mediados de 1994 Audi presentó el A8 D2 como sucesor de su rompedor V8, fabricándolo durante 8 años hasta mediados de 2002. Se creó para competir con los líderes del segmento en su momento, Mercedes, BMW, Jaguar… ¡Y vaya si lo consiguió!

Del Spitfire podemos hablar en otro artículo.

La unidad de la que vamos a hablar en este artículo monta el reconocido motor de 4.2 litros y 8 cilindros con 4 válvulas por cilindro capaz de entregar una potencia de 300 cv a 6000 rpm; a partir del año 1998 Audi dotó a este motor de culatas con 5 válvulas por cilindro que consiguieron una ligera mejora en el rendimiento, entregando 310cv a 6200 rpm.

Equipa una caja de cambios Tiptronic de 5 velocidades y tracción a las 4 ruedas permanente con un diferencial central torsen; el sistema Quattro que Audi lleva utilizando desde los años 80.

El peso total es de 1750kg. Es el más ligero entre sus directos competidores a igualdad de motorizaciones, incluso pese a los 100kg adicionales que le sumaba la tracción integral Quattro. El BMW serie 7 supera los 1900kg, mientras que el Mercedes Benz Clase S se va a las 2 toneladas. En esto tiene mucho que ver los novedosos chasis y carrocería completamente construidos en aluminio, lo que Audi denominó Audi Space Frame. Gracias a estar fabricados de este material es muy difícil que aparezca la corrosión.

El coche llegó a nuestras manos en el año 2000. Por aquel entonces se acercaba la necesidad de un coche adicional para mi hermano y aunque no estábamos realmente buscando ninguno en particular, surgió la oportunidad primero de probarlo y posteriormente de comprar este coche durante un viaje familiar. No hubo mucho que pensar.

Uno de los puntos que menos me gustan, pero que comprendo perfectamente dado el tipo de comprador al que está enfocado este coche, es que tiene una dirección sumamente blanda. Apenas hay que hacer fuerza para girar el volante; esto podría parecer a priori algo positivo, pero bajo mi punto de vista, hace que la dirección apenas transmita el estado de la carretera y no permite conectar al 100% con el coche.

Después de 22 años, hubo que retapizar el volante.

La suspensión es algo que los ingenieros de Audi consiguieron equilibrar de una manera excepcional, a velocidades bajas (más bien con niveles de exigencia bajos) nos brinda una comodidad sorprendente en prácticamente cualquier tipo de superficies, incluidas las carreteras mas bacheadas.

Teniendo esto en cuenta, podríamos pensar que no es una suspensión adecuada para una conducción relativamente deportiva (todo lo deportivo que puede ser con un coche de 1750kg y más de 5 metros); pero nada mas lejos de la realidad. En cuanto empezamos a encarar curvas a velocidades más altas nos damos cuenta de que Audi también pensó en esto y lo hicieron muy bien, consiguiendo mantener estables los 1750 kg de peso de este «gordito», dándonos además un control más que bueno incluso en las curvas mas cerradas siempre y cuando consigamos mantener a raya el subviraje que provoca el V8 colocado por delante del eje delantero.

Los 300 cv de los que disponemos son más que suficientes para mover este pesado coche sin arrugarse en ningún momento. La entrega de potencia es muy suave y sin sobresaltos, algo muy acorde para el tipo de coche y el público al que esta enfocado.

El sonido de su V8 apenas es perceptible desde el habitáculo, únicamente cuando le exigimos el máximo; su logradísima insonorización apenas permite ser conscientes de lo que llevamos bajo el capó. Fuera del coche la cosa cambia y cuando aceleramos podemos escuchar los 8 cilindros rugiendo y llamándonos con esa celestial melodía, como si del canto de las sirenas se tratase.

La caja de cambios es automática con convertidor de par Tiptronic de 5 velocidades. Su funcionamiento es muy suave, perfectamente adecuada para una berlina de representación, pero es excesivamente lenta cuando se quiere hacer una conducción deportiva. En mi experiencia, ésta es la parte menos robusta del coche. Con apenas 100.000km tuvimos que reconstruirla. Hasta donde yo recuerdo, nunca tuvimos ninguna otra avería mecánica y el problema en la caja de cambios en concreto quizá se debió en gran parte a una absoluta falta de mantenimiento.

En los frenos tenemos el talón de aquiles del A8 D2, son demasiado justos para un coche tan pesado. Haciendo una conducción normal no deberíamos tener muchas dificultades pero si le exigimos un poco más llegan los problemas. Los frenos se fatigan demasiado pronto, mermando mucho la frenada, lo cual es bastante peligroso y hay que tenerlo muy en cuenta si queremos conducir rápido por una carretera con curvas en las que haya que hacer fuertes frenadas.

El interior es sin duda la parte que más me gusta del coche, me parece increíble cómo un coche con 22 años no tiene nada que envidiar a cualquier coche moderno. Obviamente hoy en día los coches montan tecnologías y cachivaches de los que el A8 D2 no dispone, pero no se echa nada en falta, más allá, si acaso, del bluetooth para poder conectar el teléfono y escuchar nuestras canciones preferidas en Spotify.

Los materiales y el ajuste de todo el interior son simplemente perfectos, después de tantos años de uso continuado (este coche fue el coche de diario de mi padre entre 2000 y 2008 para después ser mi único coche), no encontramos los típicos «grillos» por ningún lado.

Ahí están el A8 y su dueño hasta 2008

Los asientos de cuero son una delicia y una oda a la comodidad, incluso en los viajes mas largos. La única pega que les sacaría, poniéndome quisquilloso, seria que son un poco deslizantes. Un poco más de sujeción no vendría mal, pero si es a costa de perder comodidad, prefiero quedarme como estoy.

Nuestro A8 monta el equipo de sonido opcional Bose de 12 altavoces que seguramente fuese la opción más interesante del catálogo en 1997. Nos brinda una fabulosa experiencia sensorial, la calidad y nitidez son espectaculares y después de 22 años de uso siguen sonando como el primer día.

A diferencia de otros modelos posteriores del Audi A8, esta versión en concreto, en mi opinión, envejece excepcionalmente bien; no parece ser un modelo puesto a la venta en 1994. Comparado con otras marcas y modelos de la misma época, la diferencia es aun mayor.

Pero al final, lo que realmente te hace apreciar tanto a un coche son los momentos vividos juntos, y por eso le tengo tanto cariño.

Cómo olvidar los viajes con la familia torturándolos con los discos que grababa, o escuchando los discos de Pereza sin parar (aún los tengo en el coche).

Las aventuras yendo a pescar a altas horas de la madrugada, las horas muertas conduciendo sin destino, simplemente disfrutando de la carretera, la velocidad y dejando que el cerebro volase a sus anchas…

La cantidad de escapadas en busca de lugares nuevos que disfrutar y fotografiar los atardeceres que tanto me gustan.

En otros 20 años, os vuelvo a contar qué tal nos ha ido al A8 y a mí.

5 pensamientos

  1. Muchos Buenos momentos en ese coche! Gran vehículo pero hay que decir que no se puede utilizar el teléfono móvil en su Interior, gasta mucho y el color es muy sufrido jejeje

  2. Un artículo muy completo, lleno de información, muy interesante sobre la marca audi. Con mucho tiempo y trabajo dedicado detrás. Al final todo esfuerzo merece la pena y es recompensado. Felicidades!!!

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